|
Manuel Conthe, presidente de la CNMV está poniendo todo su empeño en conseguir que la OPV de Bolsas y Mercados Españoles sea "impecable".
BME deberá cumplir el código de buen gobierno y, a pesar de lo estrecho de la relación con la CNVM, el folleto no tendrá luz verde hasta que no esté todo perfectamente argumentado.
Las principales discrepancias están en el número de consejeros independientes y en la exposición correcta de los riesgos que pudiera provocar la irrupción de nuevos operadores.
Como no podía ser de otra manera, la "impecabilidad" de la oferta se refiere exclusivamente al farragoso tema legal. La preocupación del regulador está, como de costumbre, alejada de los intereses de los minoritarios que pudieran entrar en el capital de Bolsas y Mercados.
Obviamente, no es misión de la CNMV asegurar que el precio de colocación sea justo y que BME no se aproveche de su posición de privilegio mediático, como hicieron Terra y Recoletos, pero la cruda realidad es que si las acciones se desploman, a los pequeños inversores les importará un pimiento que el folleto esté más o menos impecable.
Los primeros datos no son precisamente alentadores. En 2.004 los intercambios accionariales de BME se efectuaron entre 10,50 y 15,00 euros por acción, lo que significaba una valoración para el holding entre 880 y 1.250 millones de euros. Un par de años después, la valoración que corresponde al rango de precios orientativos, resulta entre 2.200 y 2.800 millones de euros.
La comparación entre Bolsas y Mercados y la competencia, resulta favorable para el holding español, porque la salida a bolsa coincide con la sobrevaloración que están provocando las operaciones corporativas del sector.
En consecuencia, la salida a bolsa de BME se produce en el mejor momento posible para el holding y en el mayor momento de riesgo para los minoristas, que deberán fiar sus ahorros al interés que pueda surgir en el sector por Bolsas y Mercados Españoles.
En cualquier caso y, a pesar de las incertidumbres, la evolución en bolsa de BME debiera ser positiva, porque con la actual crisis de confianza provocada por escándalos filatélicos y similares, otro fracaso institucional sería de difícil digestión para el pequeño inversor, harto de tanta finura en las formas y tanta bajeza en el fondo. |