|
Es difícil recordar una época con tantos comentarios negativos sobre el futuro de las bolsas como el primer semestre de 2003. Dar una patada a una piedra y aparecer un bajista era todo uno, en lo que finalmente fue el inicio de una tendencia sostenida al alza, que sigue vigente después de tres largos años.
Con el Ibex-35 rozando los 5.000 puntos, el análisis más favorable auguraba una caída a los infiernos, basada en los malos resultados empresariales y la convulsa situación geopolítica, comandada entonces por el inicio de la guerra en Irak.
La evolución al alza de los mercados puso a cada cual en su sitio y los tambores bajistas se aplacaron hasta los inicios del actual ejercicio 2006, volviendo a resonar con fuerza a partir, sobre todo, de las bruscas correcciones de Mayo.
Los argumentos, en esta ocasión, son mucho más contundentes que hace tres años, con la situación geopolítica más convulsa todavía y, sobre todo, con el petróleo subiendo amenazante hacia niveles prohibitivos.
La situación es tan cruda que el propio Kofi Annan, secretario general de Naciones Unidas, ha vaticinado el colapso de la economía mundial si el barril de petróleo llegase a cotizar por encima de 100 dólares. No está tan lejos el mítico precio como para tomarlo a broma y, en cualquier caso, no es lo mismo hablar de una recesión que del colapso económico mundial.
Sin embargo, todas las bolsas y, en concreto, el Ibex-35, han cerrado la semana de forma boyante, con fortaleza alcista y con los máximos recientes a tiro de piedra. Debe ser que los inversores no están al caso de lo mal que va el mundo y no aprecian la subida del crudo porque cuando repostan el coche siempre ponen 20 euros, como el del chiste.
Sea por lo que fuere, la cuestión es que si, tal como está el patio, las bolsas suben, los bajistas deberían dimitir de su militancia de manera irrevocable y pensar que un mercado que no baja con las malas noticias puede ser, probablemente, el más alcista de los mercados y arruinar todas las posiciones cortas.
En cualquier caso, las tendencias prolongadas al alza también pueden provocar otra patología peligrosa, que convierte a algunos inversores en siemprealcistas. El concepto es, obviamente, el contrario al bajismo, pero se basa en el mismo error, es decir, pensar que los mercados deben reflejar en sus cotizaciones el pasado o el presente económico en vez del futuro.
El bajista se asusta ante una actualidad geopolítica y económica demoledora y el alcista se enamora de un buen balance de una empresa que, a fuerza de permanecer en ella, casi forma parte de la familia. En ambos casos valoran el presente como única verdad sin pensar que quienes están operando en contra de ese presente que parece tan cierto, tienen la misma información pública y que no deberían ser tan estúpidos como para hacer lo contrario de lo que dicta la lógica del momento.
De ahí nace uno de los conceptos más importantes de los mercados, admitir que las bolsas siempre tienen razón, incluso cuando se equivocan. Ir contra el mercado es el camino más directo hacia la ruina.
Las bolsas rara vez hacen lo que la mayoría de observadores consideran que deben hacer. Parecen desconectadas de la realidad pero, conforme pasa el tiempo, su comportamiento deja de ser irracional y las cotizaciones se ajustan sorprendentemente a unos resultados u operaciones corporativas que, en su momento, nadie aventuraba posibles.
Los observadores representan una ínfima parte de todos los que intervienen en los mercados que, evidentemente, hará lo que decida democrática y proporcionalmente al capital que pone cada uno. |