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Hincar el diente
domingo, 17 de septiembre de 2006

Esta vez soy el primero en llegar al café. Juan se ha retrasado por culpa de la enésima visita al dentista. Es viernes y son las seis de la tarde. Un buen momento para departir sobre el comportamiento semanal de los mercados.

Mientras me acomodo en la mesa de costumbre, analizo el último informe sobre horarios laborales y productividad en España. Llego a la conclusión de que, efectivamente, trabajamos muchas horas. Desde las ocho de la mañana, ya es mi tercer café.

Juan interrumpe mi meditación con su mejor sonrisa. Parece que el dentista ha hecho un buen trabajo. Observo una funda nueva, casi imperceptible, en uno de sus incisivos frontales y su cara de satisfacción me transmite que hoy vamos a hablar poco de bolsa.

Efectivamente, en el tiempo que el camarero sirve mi café y su cortado, acompañado de una enorme magdalena, Juan ya ha encaminado la conversación.

Todos hemos oído hablar alguna vez del Síndrome de Estocolmo, pero no lo imaginaba con un dentista. Seguro que el de Juan es bueno, pero de ahí a llamarle artista del esmalte, virtuoso de la funda o amo del diente, hay un buen trecho.

El entusiasmo de Juan es tan contagioso que me dan ganas de pedir hora para una limpieza, un empaste, incluso barajo la posibilidad de instalarme un piercing.

Me doy cuenta que tanto Juan como yo, nos estamos dejando llevar por una euforia similar a la que se vive en los mercados fuertemente alcistas. Parecemos dos principiantes deslumbrados por unas cotizaciones que suben y suben sin aparente final.

Las eléctricas están en máximos históricos por la OPA sobre Endesa, las inmobiliarias en ebullición por las sucesivas ofertas de compra, los bancos se salen por las subidas de tipos. Y el resto del mercado, salvo alguna excepción, sigue al rebufo de las alzas, cotizando a precios de ensueño. Casi todas las empresas de baja capitalización han explotado multiplicando sus precios, mientras las casas de análisis cambian sus objetivos al alza.

Empiezo a valorar seriamente la posibilidad de una corrección brusca de los mercados cuando algo llama mi atención. La magdalena ha salido de la boca de Juan con un diente hincado. Le miro fijamente y observo una expresión en su rostro que me recuerda al "cuñaaaao" que salía en la tele.

La situación es terrible. El mito del dentista acaba de caer. Y lo peor es que no me puedo reír a mandíbula batiente, que es lo que me está pidiendo el cuerpo. Las palabras que Juan le está dedicando a su dentista, no son reproducibles. A pesar de que su pronunciación está un poco distorsionada por el aire que se le escapa por el hueco que ha dejado la ausencia del diente, se le entiende todo.

La facilidad con la que Juan ha cambiado de opinión sobre el dentista, es un reflejo de la fragilidad de los mercados. Las cotizaciones pueden caer con la misma facilidad con la que cae un diente y lo que en principio parecía una relación idílica, puede acabar en pesadilla.

Todos los mercados del mundo son tremendamente alcistas y si las incertidumbres geopolíticas de los últimos meses, no han conseguido frenar el imparable camino hacia los máximos históricos, lo más lógico es que una vez que las incertidumbres vayan desapareciendo, las bolsas inicien una nueva onda al alza.

En cualquier caso, no estará de más que mientras contemplamos como el valor de las acciones crece y crece, vayamos pidiendo hora al dentista, aunque solo sea para confirmar que seguimos manteniendo una correcta higiene bucal.

 
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