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miércoles, 22 de marzo de 2006 |
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Javier Valls Taberner, diecisiete años copresidente del Banco Popular Español, ha presentado su dimisión, poco después de la muerte de su hermano Luis. Los mercados no entienden de sentimientos y las acciones del banco rompen precios históricos.
La filosofía conservadora de los hermanos Valls Taberner al frente del Banco Popular, consiguió aglutinar un máximo de críticos, justo un minuto antes de la explosión de la burbuja punto com. Eran otros tiempos en los que la “nueva economía” brillaba con luz propia y los negocios de toda la vida quedaban en un discreto segundo plano.
La discreción y el buen hacer de los hermanos Valls consiguieron el banco más eficiente del mundo y convirtieron a sus accionistas en privilegiados de la bolsa. La tendencia alcista del precio de las acciones debería figurar en los manuales descriptivos de la materia.
Sin embargo y, a pesar de haber multiplicado por cuatro el precio de los títulos en los últimos diez años, la cotización del Popular siempre ha estado penalizada por la vocación de independencia de los hermanos Valls. La negativa a participar en operaciones corporativas y la resistencia numantina a ser pasto de OPA se ha esfumado con la dimisión de Javier Valls.
En consecuencia, la rotura al alza de los máximos históricos puede ser solo el inicio de una aceleración de los precios que acerque al Popular a los multiplicadores de los bancos susceptibles de ser comprados. Si asomamos a las valoraciones de algunas entidades medianas, la altura del Popular puede ser de vértigo. Habrá que echar mano del buen juicio que, con los Valls o sin ellos, ya forma parte del patrimonio del banco.
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