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Manuel Conthe, ex presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, presentó su dimisión por discrepancias sobre las sanciones a Enel y Acciona en la OPA sobre Endesa.
El espectáculo lamentable de Conthe, exigiendo una comparecencia en el Parlamento como condición previa a su salida, puso el punto y final a un mandato triste, al que los inversores minoritarios han asistido como convidados de piedra.
Después de calificar la actuación del gobierno como "impecable", el legado de Conthe pasará a la historia como el de "mucho ruido y pocas nueces". No es que estemos diciendo que Conthe hubiese que tenido que descuartizar la gestión del gobierno ni mucho menos. Pero para decir lo que dijo, mejor hubiese estado callado desde un principio.
Poco más o menos es lo que sucedió con los accionistas de la extinta Terra, hoy condenados a ser eternos accionistas de Telefónica. Conthe alimentó grandes expectativas cuando aseguró que la CNMV iba a seguir muy de cerca la OPA de la vergüenza para evitar una exclusión encubierta.
La verdad es que Conthe hizo bien su trabajo. La exclusión no fue encubierta. Se hizo con toda la cara que permitía la legalidad del momento y, finalmente, unas acciones que Telefónica vendió a 12,80 euros, fueron recompradas por la propia operadora a 5,25.
El grupo Recoletos también aprovechó el seguimiento cercano del regulador en las exclusiones encubiertas e hizo lo propio con las suyas. Acciones vendidas a 12 euros en oferta pública y recompradas a 7, precio que la CNMV consideró "justo".
En la historia de la CNMV, el accionista minoritario nunca se ha sentido tan desprotegido como en el mandato de Conthe.
El sustituto en el cargo, Julio Segura, aterriza en la institución con el aval de haber sido nombrado a dedo por el gobierno. El tiempo dirá si su gestión es buena o mala, pero alguien debería decidir con urgencia que los nombramientos en una institución que debería ser totalmente independiente, se produzcan por consenso parlamentario. Si el presidente de la CNMV es un paniaguado del gobierno de turno, su credibilidad siempre estará en entredicho. Malos tiempos para la CNMV. |