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Carencia
jueves, 02 de agosto de 2007

Revisando el último informe sobre la evolución del mercado inmobiliario, apareció entre mis papeles una vieja publicidad de LKXA, el nombre en jerga móvil con el que los directivos de la entidad catalana decidieron bautizarse para sintonizar con los más jóvenes.

El mensaje publicitario anunciaba una nueva hipoteca flexible a 40 años con una carencia de hasta 10 años, el periodo más amplio del mercado.

La carencia de la que hablaba La Caixa no se refiere a la falta o privación de algo que es como define la Real Academia Española a los sinónimos de escasez o penuria. La carencia en términos hipotecarios es un lapso de tiempo en el que el hipotecado solamente paga intereses del préstamo, manteniendo íntegra la deuda contraída en el momento de la firma del préstamo.

Es decir que, para un préstamo hipotecario de 120.000 euros al 5% y a 40 años, durante los primeros 10 años el cliente pagará 500 euros al mes de intereses, 6.000 euros al año, o lo que es lo mismo, 60.000 euros durante esos 10 años en los que habrá desembolsado la mitad del préstamo antes de empezar a devolver el primer euro de los 120.000 que todavía seguirá debiendo, con sus correspondientes intereses, durante 30 años.

Obviamente, las entidades financieras camuflan la carencia como una gran ventaja para los jóvenes, que verán reducida su cuota mensual durante los primeros años, que es cuando más dificultades pueden tener para pagarla. A cambio de semejante generosidad bancaria, los jóvenes habrán perdido 10 años de su vida, 10 años de ahorros, cuyo importe íntegro servirá para engordar la cuenta de resultados de las diferentes entidades financieras.

Por si no fuera suficiente, la vieja publicidad de LKXA anunciaba también la posibilidad de volver a disponer del capital amortizado para hacer frente a nuevas necesidades financiación, como reformas o la compra de un vehículo, es decir que, después de los primeros 10 años de pago exclusivo de intereses, en cuanto el cliente empieza a devolver realmente el préstamo, la entidad financiera le vuelve a prestar el dinero, en un círculo de carencia-lapso para el banco y carencia-penuria para el joven que, después de tanto tiempo pagando, ya ha dejado de serlo y se ha convertido en un dinero-dependiente bancario.

El interés más desinteresado, publicidad emblemática de la Caja de Ahorros y Pensiones de Barcelona, La Caixa, abandera la cruzada de todas las entidades financieras volcadas en que a los jóvenes no les roben los sueños. Evidentemente, después de 10 años de carencias, ya no tendrán nada en que soñar.

 
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