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Los warrants son un instrumento financiero de cobertura de riesgos. Su contratación permite, mediante el pago de una prima, asegurar un precio de compra o de venta a una fecha de vencimiento para el activo subyacente, normalmente acciones cotizadas.
El valor de la prima oscilará en función del precio asegurado y el tiempo hasta el vencimiento. Los emisores de warrants ajustarán las variables de volatilidad para ofertar en todo momento el precio teórico al mercado. Siempre que la prima sea razonable, los warrants son un buen instrumento para la inversión tranquila.
Los problemas con los warrants aparecen cuando el objetivo es la especulación con la prima. La compra del warrant se efectúa con la esperanza de que un movimiento violento modifique sustancialmente el precio del emisor. A pesar de que el atractivo del warrant reside en que el único riesgo que se asume es el importe pagado por la prima, esta es la operativa que acarrea una mayor cantidad de pérdidas patrimoniales.
En primer lugar porque el warrat es un producto con apalancamiento, es decir, se puede comprar muchísimo subyacente en comparación con el importe que se paga por la prima. El riesgo global de la operación es el del montante de subyacente que se suscribe aunque, aparentemente, "solo se arriesga la prima".
Y en segundo lugar porque que el emisor del warrant funciona con los mismos parámetros que una compañía de seguros. En todo momento optimizará las primas para cubrir sus propios riesgos, ponderando los precios de las nuevas emisiones, la probabilidad de ejercicio de las viejas y la especulación con ambas primas. El emisor pone siempre la probabilidad de su lado y solo en el muy improbable caso de incendio saldrá perdiendo.
Exactamente igual que en las compañías de seguros, el negocio de los warrants es la venta, algo que solo puede hacer el emisor. La alternativa son las opciones MEFF.
Las opciones del Mercado Español de Futuros Financieros, MEFF, funcionan exactamente igual que los warrants, pero también se pueden vender al descubierto. Técnicamente hablando, permiten actuar como el emisor de warrants, vendiendo primas. Como la compañía de seguros.
Parece perfecto pero no lo es. Los productos MEFF tienen tan poca liquidez que la horquilla de precios, es decir la diferencia entre el precio de compra y el de venta, puede ser tranquilamente del 100%. En estas condiciones la especulación exitosa es misión imposible. Las horquillas de precios no son un problema técnico irresoluble de MEFF. Del mismo modo que el emisor de warrants no permite la venta porque es su negocio, MEFF amplía la horquilla de precios hasta el escándalo porque es el suyo.
En cualquier caso, el buen juicio del inversor es la principal herramienta para filtrar cantos de sirena, publicidad milagrosa y paraísos de rentabilidad. |