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La capacidad humana para predecir acontecimientos futuros es mala, muy mala, casi nula. A pesar de la evidencia, todos nos embarcamos alguna vez en ejercicios adivinatorios más o menos afortunados; desde el hombre del tiempo, que utiliza la ciencia del Meteosat para sus vaticinios, hasta los videntes más famosos que deducen el futuro en dados, cartas o posos de café.
Los mercados de acciones no iban a ser menos en el arte visionario: profesionales del análisis, artistas de los gráficos y adivinadores que basan sus vaticinios en la experiencia o directamente en la intuición. Todos ellos aciertan o acertamos alguna vez, por el poco edificante argumento de que es imposible equivocarse siempre. La cuestión es dar el suficiente aireo a los escasos aciertos y mirar hacia otro lado cuando la realidad se empeña en fastidiar más de la cuenta.
Cuando la técnica del disimulo no funciona, no hay más remedio que dar la cara y explicar con pelos y señales porqué el vaticinio tan bien argumentado en su momento ha resultado completamente al revés. Aunque parezca mentira, en algunas ocasiones se puede convencer a la opinión pública de que la realidad se ha equivocado al no cumplir nuestro pronóstico.
La aerolínea de bajo coste Vueling salió a cotizar a un precio de escándalo. No conoce los beneficios y bajo este paraguas era fácil vaticinar un descalabro bursátil. Pues nada, después de un goteo a la baja de 10 sesiones, las acciones empezaron a subir como la espuma, hasta alcanzar una revalorización de más de un 50% sobre el hasta entonces precio mínimo de 30,75 euros.
Mientras algunos seguíamos recogiendo los trocitos de nuestra propia dignidad, los analistas profesionales, los que vaticinan de verdad, entraron en acción: Santander estimó el precio objetivo en 50 euros, BBVA en 48,70 y Deustche Bank en 52.
Después de una prolongada tendencia a la baja, Vueling se ha desplomado hoy un 30% hasta 15,80 euros. Durante los próximos días asistiremos a una batería de revisiones de precios objetivo, análisis fundamental, proyecciones técnicas y adivinaciones varias sobre el futuro de la aerolínea. No se crean ninguna y aplaudan con alegría a todo aquel que afirme "ya lo dije yo", porque estadísticamente será su único acierto de los diez próximos intentos.
En cualquier caso, nuestro mejores deseos de recuperación para Vueling y para sus accionistas que, como siempre, son los auténticos damnificados de todo este circo que rodea a la bolsa y a los mercados. |