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El precio objetivo de un activo es el que refleja su valor, teniendo en cuenta todas las variables económicas del momento en el que se analiza.
Calcular el precio objetivo de una empresa cotizada no es tarea fácil. Intervienen variables tan dispersas como los beneficios, la caja, la deuda, los tipos, la inflación y un largo etcétera de parámetros y circunstancias que pueden derivar en alquimia financiera.
La dificultad de elaborar un precio objetivo queda patente cuando el mismo activo vale cuatro o cuarenta, dependiendo de la firma del análisis.
Bajo la filosofía de inversión tranquila de Bolsa Valor, los precios objetivo tienen poco sentido. Las señales de compra y venta son generadas automáticamente por una serie de medias móviles que tratan de identificar los movimientos secundarios. Las operaciones no se abren ni se cierran en función de los precios objetivo, pero su conocimiento puede ser de utilidad.
La principal función de los precios objetivo consiste en tener una referencia de la valoración del activo y, en consecuencia, orientar a quienes buscan un precio probable de entrada o salida del mercado.
Como hemos visto anteriormente, el cálculo de los precios objetivo está sujeto a tal cantidad de variables que el resultado suele ser subjetivo. Nuestra aportación también lo es, pero si admitimos que el mercado descuenta todas las variables y las cotizaciones reflejan todas las opiniones, parece razonable ofrecer unos precios objetivo que emanen directamente del mercado.
En Bolsa Valor proponemos unos precios objetivo semanales, deducidos de la propia evolución del mercado, entendiendo que el comportamiento de los valores reflejará todas las expectativas depositadas en ellos.
Por definición, los precios objetivo estarán por encima o por debajo de los precios de mercado, dependiendo de la posición alcista o bajista de Bolsa Valor. El éxito será que los precios objetivo actúen de punto de inflexión y de reacción del mercado. |