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El convidado de piedra
domingo, 23 de abril de 2006

Rectificar es de sabios y, después de la pifia del anterior fin de semana, el diario económico Expansión no ha escatimado medios para analizar la contraopa del grupo Zena sobre Telepizza.

Alusión en portada, doble página en "empresas", valor protagonista en los charts, artículo en el suplemento Fin de Semana y comentario en "de buena fuente". Impresionante.

José Antonio Fernández-Hódar pone el dedo en la llaga. Quienes compraron Telepizza a precios de Pujals y no pudieron o no quisieron vender sus acciones, han aguantado estoicamente la crisis y ahora se van a perder el recorrido al alza de una empresa saneada. Pero la historia de Telepizza no es nueva.

Terra, la filial de internet del grupo Telefónica, salió a bolsa con el proyecto más ambicioso de la nueva economía. Accesos a la red, publicidad y comercio electrónico, el reclamo perfecto para que muchos inversores depositaran su confianza en una máquina de perder dinero, con la promesa futura de beneficios contantes y abundantes.

Después de años de penuria, cuando ya asomaban los números negros, decenas de miles de millones de euros invertidos en Terra se transformaron en calderilla de Telefónica con el beneplácito de la CNMV y el aplauso de bancos, analistas y medios de comunicación especializados.

En la historia de los convidados de piedra, el pasado es Terra, el presente Telepizza y el futuro pudiera ser Jazztel.

Jazztel reúne todas las condiciones. Genera fuertes perdidas, los objetivos se retrasan, abundan las ventas a crédito y, sobre todo, hay muchos minoritarios atrapados a precios altos que no van a vender, incluso comprarán si la acción sigue bajando.

Es lícito tropezar dos veces con la misma piedra, pero hay que empezar a buscar al que pone la piedra.

Quien invierte su dinero en bolsa, debe ser consciente que está asumiendo un riesgo. Pero hablamos de riesgo de mercado. El riesgo de mercado se traspasa cuando la información pública no se corresponde con la realidad y con los objetivos de la empresa. Hasta el último momento, Terra vendió un proyecto ilusionante, cuando el objetivo real era la exclusión al precio más bajo posible.

En Jazztel, el plan de negocio tiene el objetivo público declarado por su presidente y máximo accionista, de conseguir que la cotización de las acciones alcance los cuatro euros en un plazo de tiempo razonable. Sin embargo, las operaciones de "paceo", las ventas a crédito y el centimeo de algunas sociedades y agencias de valores, parecen ir en dirección contraria. Falta información.

Si el éxito de Jazztel depende de las altas mensuales, su publicación debería ir acompañada de la valoración que hace la propia la empresa, en función del plan de negocios previsto.

Si el éxito de Jazztel depende de una ampliación de capital, de las demandas interpuestas contra Telefónica o de una posible OPA, el accionista debe tener toda la información para valorar su riesgo de mercado.

La CNMV tiene la obligación de velar por los intereses de los pequeños accionistas, pero si Jazztel se va al garete, mirará hacia otro lado como hizo con Terra. Pero tanto la CNMV como Jazztel tienen el deber de proporcionar al mercado información veraz que refleje la realidad de la empresa.

La exigencia continuada de información a quien tiene el deber de suministrarla es el mejor antídoto contra la ruina y, quizás, la primera obligación de los actuales accionistas de Jazztel. Convidados, pero no de piedra.

 
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