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Inversor vs Especulador
sábado, 13 de mayo de 2006

Uno de los conceptos más pervertidos en la actualidad es el que considera que un inversor es un especulador que se equivocó de estrategia. Es una verdad a medias. La diferencia entre invertir y especular no es el tiempo.

Invertir consiste en comprar un activo y esperar un retorno de inversión. El activo puede ser un inmueble, una acción cotizada o una letra del Tesoro. Sea cual fuere el activo, el precio de compra deberá garantizar una rentabilidad razonable en el tiempo. Por ejemplo:

Comprar una vivienda con el objetivo de alquilarla. A cambio de nuestra inversión, esperamos obtener un retorno razonable en concepto de alquiler.

Comprar unas acciones en bolsa. A cambio de nuestra inversión, esperamos obtener un retorno razonable en dividendos o primas de emisión.

En ambos ejemplos, el objetivo es percibir unos ingresos, sin tener en cuenta la apreciación o depreciación de los activos adquiridos. La vivienda o las acciones formarán parte del patrimonio personal y no serán vendidas hasta el vencimiento previsto, a menos que el mercado “se vuelva loco” y la venta suponga más de diez años de retorno de inversión.

Para invertir en bolsa, es necesario hacer un estudio previo de la situación financiera de la empresa. Si está saneada y dedica una buena parte del beneficio a dividendos, solo hace falta escoger un buen precio de compra. Normalmente, el precio no deberá estar cerca de los mínimos porque los mercados descuentan expectativas y si una acción está a un precio históricamente bajo, pudiera ser señal de que algo no funciona bien. Es una buena técnica comprobar que el precio está relativamente por encima del comportamiento general del mercado. Es señal de fortaleza y salud financiera.

Especular consiste en comprar un activo con la esperanza de obtener beneficios basados en las variaciones de los precios. No se consideran los retornos percibidos.

En los ejemplos anteriores, la vivienda se compraría para venderla más cara y las acciones también. El resultado es una plusvalía o minusvalía patrimonial, en función de la diferencia de precios de compra y venta.

Para especular en bolsa, la situación financiera de la empresa no es tan importante. Lo será si la situación es crítica, como una suspensión de pagos o una liquidez comprometida. Pero incluso en situaciones límite, la especulación puede salir bien.

Actualmente, casi nadie invierte en bolsa. El especulador valora los retornos de inversión, normalmente dividendos, cuando la especulación ha salido mal. Se transforma en inversor porque no puede o no quiere vender sus acciones a precio de minusvalía. La inversión por accidente consigue que el especulador busque en la empresa las valoraciones que no tuvo en cuenta cuando estaba especulando.

Habitualmente, el inversor obligado es el más exigente de los inversores. Busca información de la empresa, facturación, beneficios y perspectivas de negocio con la esperanza de redimir su nueva situación lo antes posible. Independientemente del grado de convencimiento acerca de las bondades de la empresa, si el precio recupera los niveles de entrada, el inversor accidental dejará de serlo.

No existe una solución mágica para evitar los errores en la especulación. La limitación de pérdidas es un buen antídoto pero también es un instrumento perverso generador de minusvalías constantes.

La correcta especulación necesita el mismo análisis previo que la inversión. El estudio concienzudo de la empresa objeto de la especulación, evitará situaciones desagradables en caso de accidente.

En cualquier caso, la realidad financiera actual parece enfocada a favorecer al especulador frente al inversor. Quien especula con la vivienda, obtiene un beneficio rápido a un tipo impositivo del 15%. Quien la alquila, teme por el cobro, el inquilino y la integridad de las paredes. Quien vendió acciones de Terra al día siguiente de la colocación, multiplicó el dinero. Quien las guardó a largo plazo solo recuperó el 40% de la inversión, menos cinco años de gastos bancarios y coste de oportunidad. Independientemente de la viabilidad del negocio, en el último escándalo filatélico, los damnificados son quienes plantearon la inversión a largo plazo. Quienes especularon, ahora se ríen.

Lamentablemente, las consecuencias se verán en el largo plazo.

 
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