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Telefonía fija
domingo, 21 de mayo de 2006

Puede parecer pedante, casi irreverente, aventurar un argumento sobre Telefónica de España, después del comentario institucional del mítico Hódar, que dice en Expansión que "cuesta entender que siga bajando y esperamos que no pierda los 12. Antes o después recuperará lo perdido".

Para rebatir al maestro es necesario apelar a la filosofía barrio sesámica y deducir que "antes o después" significa que va a subir en cualquier caso. Nada más lejos de la realidad. El comportamiento de Telefónica es impredecible, pero lo más probable es que baje.

César Alierta no es presidente de Telefónica por casualidad. Ni por su capacidad, obviamente, ni por el sentido del humor, por supuesto. Tampoco por su diplomacia, ni por el verbo fluido, pero vamos a dejar de enumerar las cualidades por las que Alierta no es presidente de Telefónica, que tampoco es cuestión de agotar el espacio web.

Lo cierto es que Alierta es presidente de Telefónica por ser el antídoto perfecto de Villalonga. En efecto, Juan Villalonga, el compañero de pupitre, el amigo de la infancia, el de la compra de Lycos, el de la "fusión" con BBV, el de aquellas opciones que tocaron los cobijos del poder sin merecerlo.

En consecuencia, Alierta llegó a Telefónica bajo la bandera de la sobriedad, la eficacia, el rigor, la constancia. Con la imagen épica de un asno capaz de perseguir a la zanahoria por senderos de piedra, tormentas de nieve y chuzos de punta. El antihéroe, al fin y al cabo.

Alierta ha trabajado muy duro para conseguir el objetivo de transformar a Telefónica en una empresa sólida, bien gestionada, con beneficios crecientes y recurrentes. Bien es cierto que por el camino se han quedado medio millón de minoritarios de Terra con una mano delante y otra también. Pero como ahora forman parte de Telefónica, algún día, en algunos años, en muchos pero que muchos años, recuperarán su inversión con los dividendos. Al fin y al cabo, el asno tampoco se pregunta cuando alcanzará la zanahoria.

En cualquier caso, el error de Hódar se produce porque sigue considerando a Telefónica como una empresa que cotiza en los mercados de acciones cuando en realidad debería estar cotizando en el AIAF. El dividendo de Telefónica es como el cupón de un bono y descuenta con precisión la rentabilidad de los activos sin riesgo.

En el entorno actual de subidas de tipos, la cotización de Telefónica irá hacia abajo hasta igualar su rentabilidad con la renta fija.

Los buenos resultados trimestrales no han tenido ninguna repercusión positiva sobre Telefónica porque la operadora no ha anunciado ningún incremento del dividendo, que es lo único que puede hacer subir a Telefónica. Al menos, hasta que los tipos equilibren de nuevo la rentabilidad del cupón.

En cualquier caso, telefonía fija, admirado Hodar. Completamente fija.

 
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